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Una cuantiosa herencia permite a la UGR la creación de una cátedra

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antonio-chamorroLos protagonistas de la historia son Antonio Chamorro (Huesa, Jaén, 1903-Banyoles, Gerona 2003) y Alejandro Otero Fernández (Redondela, 1888-México D.F, 1953). El segundo fue rector de la Universidad de Granada (UGR) y el primero, un discípulo de éste. No son los únicos actores principales en esta historia, pues los profesores Fernando Girón y Enriqueta Barranco, de la Facultad de Medicina, están también en el papel de protagonistas. Son los artífices de que la institución universitaria granadina haya creado la Cátedra de Investigación Antonio Chamorro-Alejandro Otero.

Esto se hace después de que Antonio Chamorro le dejara su herencia a la Universidad granadina. Fueron dos terceras partes del total. El resto fue para uno de sus hermanos. Enriqueta Barranco y Fernando Girón figuraban en el testamento de Antonio Chamorro como albaceas. Lo que dejaba Antonio Chamorro no era nada simbólico: dos apartamentos, uno en París, situado en el 69 de la Rue Montparnasse, y otro cerca de Antibes, en la Costa Azul. A ellos había que sumar la biblioteca de Antonio Chamorro, multitud de documentos y dinero en efectivo.

Antonio Chamorro falleció en 2003 poco antes de cumplir cien años y, «tras seis años de trabajo, de mucho esfuerzo. Ha sido una verdadera odisea», tal como confiesan ahora Fernando Girón y Enriqueta Barranco, pero ahora el nombre de Chamorro y Otero están ligados como el primero deseaba. Más particular es que la herencia que dejó Chamorro a la institución universitaria granadina servirá ahora para financiar esta nueva cátedra de investigación que se aprobó en el último Consejo de Gobierno.

La profesora Enriqueta Barranco y el profesor Fernando Girón cuentan cómo, tras muchos viajes, problemas administrativos con el Gobierno francés, obras de rehabilitación... la UGR tiene un maravilloso apartamento en París que renta una considerable suma de euros de alquiler mensuales. Dinero que dirigirá a esta cátedra, que se centrará fundamentalmente en la investigación de temas ginecológicos.

El apartamento está valorado en unos 600.000 euros.

Lo más extraordinario es que esta herencia llega a la UGR a partir de una tesis, que la elaboró Enriqueta Barranco y dirigió Fernando Girón, y que nunca se entrevistaron cara a cara con Antonio Chamorro.

Alejandro Otero, sobre quien hacia la tesis la ginecóloga Enriqueta Barranco, y Antonio Chamorro, tuvieron la oportunidad de trabajar juntos en Granada en los años previos a la Guerra Civil. El primero fue catedrático de Obstetricia de su Universidad y el segundo un alumno aventajado (cursó la licenciatura de Medicina entre 1921 y 1927), que luego se convirtió en investigador y ginecólogo, siendo nombrado por Otero jefe del Laboratorio de Anatomía Patológica y profesor ayudante de clases prácticas, desde 1932 hasta 1935.

Refugio

Las vicisitudes de ambos como exiliados harían que Otero se refugiara en México y que Chamorro quedara en Francia, país en donde permanecerá casi hasta su muerte, ocurrida en el 7 de marzo de 2003. Fue durante unos 30 años Maître de Recherche en el Laboratorio Pasteur, dependiente del Institut du Radium de París.

«No se casó, y cuando murió su compañera y los bienes que ésta poseía se los quedó el Gobierno francés, Chamorro se sintió muy mal. Entre medias, yo le envié una carta diciéndole que estaba estudiando a los discípulos de Otero y él respondió con un paquete en el que estaban todos sus trabajos», recuerda Enriqueta Barranco, que junto a Fernando Girón han hecho todo el traslado de libros y documentos desde la casa de París y la han puesto a punto para poder alquilarla. «Cuando fuimos allí la primera vez era un apartamento ruinoso, tras diez años de abandono, pero ahora es un lugar estupendo, en una zona fantástica de París», rememoran. Junto a Enriqueta y Fernando han estado trabajando también el anterior decano de Medicina, José María Peinado, y el actual, Indalecio Sánchez-Montesinos.

También se barajó la posibilidad, porque así lo decía el testamento, de vender el piso de París y comprar aquí un par de apartamentos, para con sus rentas fomentar la investigación ginecológica, pero «con la burbuja inmobiliaria que se veía venir sabíamos que mantenerlo y alquilarlo iba a ser mucho más rentable». Tras hacer las obras correspondientes, que se han financiado con el dinero que dejó Antonio Chamorro, el piso lleva meses alquilado y la cátedra de investigación es ya una realidad. Al fin los nombres de Chamorro y Otero han quedado unidos para siempre. Dicen que ha sido no tanto la admiración por la UGR, sino por su maestro Otero lo que llevó a legar esta herencia de patrimonio y libros.

Una cuantiosa herencia permite a la UGR la creación de una cátedra
 

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